domingo, 17 de mayo de 2015

Arroz caldoso de galeras, guisantes y alcachofas

Arroz caldoso con galeras, guisantes y alcachofas

Tres de mis favoritos, tres que juntos, forman un festival de sabor, una fiesta para los sentidos, una bondad para los que disfrutamos frente a los fogones.
Guisantes frescos, recién arrancados de la mata, llenos de azúcar, tiernísimos, alcachofas crujientes, con sus chasquidos de recién traídas del campo, acabadas de separar de la mata y, las galeras, los mal llamados “langostinos de los pobres”, potentes en sabor a mar, con una carne finísimas.
La verdad es que soy partidario de los arroces secos, pero, en este caso y en el del arroz meloso de pato, acompañado de verduras de temporada o de hongos frescos, no pongo ningún reparo, me parecen especiales, por lo suculentos que resultan y las alegrias que proporcionan al paladar.
Solo hay que tener tiempo para pelar los guisantes rápidamente, antes de que transformen el azucar en almidón, proceso que ocurre pasadas unas horas tras el arrancado de las vainas de las matas.
Para este arroz, que lo devoramos entre tres, ut¡licé medio kilo de galeras, un puñado de guisantes frescos, cuatro alcachofas, 1 tomate maduro, tres dientes de ajos, una punta de pimentón de la vera, aceite suave de oliva, fumét de pescado y ganas.
El proceso es el de siempre: salteado de las galeras a fuego vivo y reservar. Salteado de alcachofas y guisantes. Añadir los ajos picados finamente, el tomate bien trinchado y sofreír con una punta de sal.
Una copa de brandy alegra el asunto, tras dejar pasar uno o dos minutos hasta que pierde el alcohol, añadir la punta de pimentón de la vera y ya echar el arroz. Remover todo, dorar un poco el grano y finalmente incorporar el caldo que, siendo caldoso, echar tres por una, también las galeras. Cocinar fuerte los primeros diez minutos y bajar el fuego hasta que el corazón del grano esté al “dente”, es el momento de apagar el fuego.
No tardar demasiado en servirlo pues el arroz sigue absorbiendo caldo hasta que se pasa.
Un buen maridaje, un vino claro bien frio, un blanco frutoso, chardoné, también un sauviñón o verdejo, blancos afrutados y con cuerpo.
Que lo disfruten!!

lunes, 9 de marzo de 2015

Muslos de pollo al vermouth rojo con pimientos y tomates


En este post os sugiero un plato, mediterráneo desde principio a fin, en el que una carne como la del pollo actual, el común, no el de corral ni el de granja, ni por supuesto el criado mayoritariamente con cereales y granos de los cuales un 25% es maíz, no, me refiero al pollo de engorde con piensos compuestos, a ese pollo que es un tanto insípido, de carne blanca como ninguna porque nunca ha visto el sol.
“Ese pollo enamorado de la luna” es muy fácil de guisar y los resultados son excelentes en la mayoría de recetas, sino, os animo a que lo prepareis de este modo para disfrutar de un manjar, clásico del personaje ya desaparecido de nuestras vidas: Carpanta.
Este sabroso guiso es una elaboración tradicional de nuestras cocinas, en especial de la rivera mediterránea, y el resultado sorprende por su suavidad, impregnándose la carne del rico olor y sabor a vino con frutas y especias.
En la receta nos encontramos con productos típicos de la gastronomía mediterránea: el aceite de oliva, el ajo, la cebolla, tomates, pimientos, hierbas aromáticas, simbología propia del verano e inseparables de nuestra cocina.


El punto dulzón del pimiento rojo combina con el contrapunto ligeramente picante del verde, recolectado antes de su total madurez, en conjunción con la nota ácida del tomate, así, el plato que tenemos ante nuestras papilas gustativas, es una explosión de sabores, aromas y alegrías, que tenemos a nuestra disposición durante todo el año.
También quiero hacer una especial mención al vino especiado utilizado, vermouth “Yzaguirre” clásico rojo, porque la calidad de este producto lo merece.
Los vermouth de esta casa, al igual que los de Miró, son excepcionales, ni comparación con los ya viejunos y decrépitos Martini/Cinzano.
Los Miró y los Yzaguirre, ambos elaborados en la localidad catalana de Reus, son vermouth que siguen la receta tradicional, según parece, aparecida en los Alpes italianos, y combinan más de 80 hierbas y especias para darle ese sabor tan característico.

Para este receta hemos utilizado:

2 muslos de pollo
1 vaso de vermouth rojo Yzaguirre
1 cebolla
3 dientes de ajo
1 pimiento rojo
2 pimientos verdes del tipo italiano                                                  

2 tomates maduros
1 rama de tomillo silvestre en flor de la sierra de Irta
2 hojas de laurel verde
Aceite virgen de oliva
Sal
Azúcar
Pimienta negra

Preparación:

“Mice en place”: pelar y trinchar los tomates, quitar las pepitas a los pimientos y cortar en tiras, pelar la cebolla y picar en juliana fina, pelar 1 diente de ajo y picar fino, salpimentar los muslos.
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En una olla ( hemos utilizado una rápida ), calentar 2-3 cucharadas de aceite y sofreír el pollo durante unos minutos. Añadir el ajo picado seguido de la cebolla y dorar junto con el pollo. Incorporar el tomate, remover y seguir con el sofrito. Añadir los pimientos, las hierbas en “atadillo”y el vaso de vermouth. En cuanto coja el hervor rectificar el punto de sal y tapar la olla. Dejar cocer durante 20 minutos con el fuego al mínimo.


Abrir la olla pasado el tiempo, si queda demasiado caldo, dejar en el fuego bajo y la olla destapada para que vaya evaporándose el exceso de caldo o disolver una cucharada de café con leche de harina fina de maíz ( tipo Maicena ) en un poco de agua fria o caldo del pollo frio para que engorde un poco la salsa.
Se puede servir bien con arroz basmati tipo “pilaf”, cus cús, o simplemente con una ensalada de hojas.



jueves, 12 de febrero de 2015

Salteado de Pack Choi con pollo y frutas

La globalización es un fenómeno social que lleva años invadiendo todos los rincones del planeta Tierra, en algunos casos perjudica y ataca a las tradiciones, costumbres y raíces de los pueblos, pero en otros, como por ejemplo en la gastronomía, por supuesto en su medida y sin perder el norte, enriquece el “haber”, adquirido a lo largo de los años, traspasado entre generaciones, que cada zona guarda cual tesoro intentando que “otras” no se lo arrebaten.
Claros ejemplos son las nuevas tendencias hacia lo oriental de muchos chefs, que, con el propósito de captar la atención de los críticos y de los medios, introducen en sus cartas platos diversos, carnes, pescados, verduras, con notas agridulces y salsas “curiosas” con lo que, además, captan nuevos clientes,  amigos de lo “snob” unos, otros para satisfacer el espíritu curioso y, por lo general paladares inquietos.




 Hay un detalle en las preparaciones venidas del otro lado del globo que para algunos nos resulta agradable y sin embargo para una mayoría del público no termina de entrar y es el punto de cocción.

Los “crudos”, pescados y/o carnes, verduras etc, característicos de las cocinas asiáticas, hay que tratarlos con mucha atención por los peligros añadidos: fito sanitarios, contagios, huéspedes; se soluciona sometiendo a congelación con anterioridad o lavar minuciosamente.

Algunos países no son tan exigentes con los controles sanitarios de los productos que se exportan por lo que hay que extremar las precauciones.
En la receta de hoy, aparece el Pack Choi verde (Brassica chinensis), una verdura de la familia de las coles pero con un sabor que se acerca más a las acelgas, con unos tallos muy crujientes y un toque amargo y dulzón al mismo tiempo. Rica en vitaminas A, C, K, B2, B6, minerales, calcio, hierro, magnesio, potasio, fuente valiosa de fibra, proteínas etc, exenta de grasas y azucares, resulta muy fácil de digerir por lo que es aconsejable en dietas de adelgazamiento.
Con un preparado “al dente”, mantiene vivas todas las cualidades, un salteado de unos 2-3 minutos para los tallos y la mitad para las hojas es suficiente para disfrutar del crujiente y del sabor de esta sana y nutritiva verdura. Puede ser acompañamiento de pescados, mariscos o carnes, siendo el pollo en esta receta el compañero de sarten, wok en nuestro caso, junto con unas frutas dulces y ácidas para añadir los contrapuntos.

Los ingredientes para 2 raciones:

1-2 cogollos de pack choi
300 g pollo sin hueso ( pechuga )
1-2 cebolletas tiernas
1 naranja pequeña
1 manzana pequeña
30 ml salsa de soja
1 diente de ajo
1 cucharada de cilantro o perejil picado fino
1 cucharada melaza de caña o miel
1 cucharada de semillas de sésamo ligeramente tostadas

Preparación:

Preparar un marinado con la soja, la cucharada de miel o melaza, diente de ajo cortado o laminado y el cilantro o en su defecto perejil bien picado. Cortar el pollo ( sin hueso ) en dados. Salpimentar y mezclar bien con el adobo, dejar marinando dos horas.



Pelar la manzana y cortar dados. Pelar la naranja al vivo y reservar los gajos. Separar los tallos de las hojas del pack choi, cortar en cuadrados o en bastoncillos y reservar. Escurrir el pollo y reservar el marinado.

En wok bien caliente, saltear los dados de pollo hasta sellar y reservar. Con una o dos nueces de mantequilla, saltear la manzana y la naranja durante dos o tres minutos y al final echar una cucharada de azúcar morena, remover y reservar.
Saltear las cebolletas hasta que se vean transparentes, añadir los tallos de pack choi hasta que estén al dente y crujientes, añadir las hojas y seguir salteando a fuego medio-vivo un minuto. Añadir los dados de pollo, las frutas y la salsa del marinado. Remover y apagar. Servir con el sésamo tostado por encima.




Sabores dulces, ácidos, amargos se entremezclan con las verduras crujientes y el pollo muy tierno con un toque asiático, un plato diferente para una ocasión especial, o no.





martes, 27 de enero de 2015

Pan de trigo y espelta integral


Los panes elaborados con harina de espelta son magníficos, muy sabrosos y dulces, aunque para mi tienen un “pero”: la consistencia pesada. Son panes que sacian muy pronto por lo que los que somos de comer pan, acabamos demasiado llenos. Para el desayuno son excelentes, con una capa de mantequilla y/o mermelada, con un buen chorreón de aceite de oliva verde, con queso fresco etc., ahora bien, si lo que se pretende es montar un buen “companaje” a base de unos quesos, jamón, embutidos ibéricos, patés o sobrasada este pan no es el ideal, por supuesto siempre bajo mi punto de vista.

 Por eso, había que “inventarse” un pan que por una parte y razón de peso, tuviera el sabor de la espelta, ese sabor a cereal concentrado, apenas alterado por el paso del tiempo, de buena digestión, repleto de propiedades, perdidas por sus parientes los trigos transgénicos, único de esta harina antigua tan rica en minerales, vitaminas y fibra (espelta integral ); y por otra parte, que fuera más ligero de consistencia, con bien de alvéolos, en fin, las típicas cualidades del pan blanco, elaborado con harinas de trigo de calidad. 


En esta entrada os animo a tod@s los panarras que acostumbráis a leer y/o consultar este blog, a que os pongáis con las manos en la masa tras comprar algo de harina integral de espelta y harina de fuerza o media fuerza, para disfrutar de este sabroso pan. Os puedo asegurar que os llenará la mesa de alegrías, el paladar se perderá en ese mundo “pantastico” de los “companajes”y cautivareis a vuestras cuñadas y como no, a vuestra queridísima suegra, siempre acechando en vuestra cocina, y tanto que si.
Y el día del “horneo”de este excelente pan, para aprovechar el calor del horno, se puede hacer un arroz al horno o unas verduritas escalibadas para acompañar una carne o un pescado.


Cantidades para elaborar dos panes hermosos:

500 g harina de media o de fuerza
500 g harina integral de espelta ecológica   

220 g agua
250 g zumo de naranja natural
50 g aceite de girasol
30 g leche en polvo desnatada
20 g sal
20 g levadura fresca

El día de antes preparar un prefermento con:

300 g harina de fuerza
180 g agua
Pizca de levadura

Desleir la levadura en el agua templada, añadir la harina, mezclar ( no amasar ), hacer una bola, embadurnar con aceite para que no se seque en exceso y tapar en el bol hasta el dia siguiente en un lugar fresco ( en la cocina de casa ahora en invierno 17º)

El día D:

Templar el resto del agua junto con el zumo, desleir la levadura y añadir al prefermento. Mezclar bien. Añadir el resto de harinas, la sal, la leche en polvo ( puede ser opcional ), y el aceite. Mezclar y amasar 10 minutos. Hacer una bola, embadurnar con un poco de aceite y dejar leudar tapada durante media hora.
Dividir la masa en dos, bolear y formar en batard o dejar en bola para hogaza. Humedecer un paño de algodón, esparcir semillas en otro seco. Hacer rodar el pan primero en el paño húmedo, después en el seco con semillas ( en mi caso pipas de girasol peladas y sésamo ). Dejar leudar tapado en lugar templado hasta que doble el volumen inicial ( 1 hora aprox. )

Greñar y hornear durante 10 minutos a 250º, con algo de vapor. Después dejar horneando durante 40 minutos a 190º.
Dejar enfriar sobre rejilla.





Por la tarde, en casa de Rosa y Joan, amigos y vecinos, hicimos la cata del pan con un surtido de quesos, jamon y una suculenta ensalada de hojas de rúcula y lechugas con rulo de cabra y unos chips de bacon seguido de una excelente “quiche” de alcachofas espectacular que había preparado Rosa para la ocasión ( prometió la receta para el blog ). Un vino claro de la France puso el toque de color y parte de la alegría de la noche.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Pan blanco de molde II ( otra fórmula )


Como ya hemos comentado en otras entradas, el pan de molde es un tipo de pan que resulta fácil de elaborar incluso para la gente que nunca ha tenido la curiosidad de hacer pan. Además, es muy agradable y sabroso puesto que al fermentar en la caja o molde, se le pueden añadir ingredientes que le aportan sabor y textura tanto a la miga como a la suave y delicada corteza. Ha habido siempre cierta polémica sobre la autoría de este pan entre franceses e ingleses. Como en otras elaboraciones panarras parece ser que todos ellos quedaron conformes en dejar para los de las islas la patente del pan de molde y para nuestros vecinos los galos las barras, hogazas y todo lo que no va en “caja”, o sea, al “natural”.


La entrada de hoy es un delicioso pan con una formula afrancesada, por lo tanto lo llamaremos como ellos, es decir, “pain de miè” o pan de miga en nuestro amado idioma. Se caracteriza en especial por su miga suave, tierna y blanca, de alveolos mas bien pequeños y regulares, con una leve corteza blanda, fruto de un horneado relativamente corto en proporción a su tamaño.


 Lo que se pretende con este pan es poder cortar unas rebanadas muy esponjosas y densas al mismo tiempo que impidan que el relleno o la mezcla se escape por los agujeros de la miga, eso quiere decir que no es un pan demasiado ligero. Con un par estas rebanadas se consigue preparar un “sándwich” o bocata inglés, un emparedado con carnes, pescados, verduras u otro tipo de “rellenos” en su interior muy típico para tomar entre horas o en las comidas en el Reino Unido.


Para conseguir todo esto, la fórmula se enriquece con la incorporación de unos pequeños porcentajes de grasas, leche, mantequilla, aceite, que suavizan la masa a la par que le confieren sabor. También se le añade algo de azúcar pues alimenta y fortalece a nuestras aliadas las levaduras en sus tareas y a su vez le da al pan ese toque dulzón tan agradable.

Y, por último, nuestro pan de miga o de molde, se beneficia de un prefermento, en el caso de hoy de un poolisch con una baja hidratación ( 60% ), preparado el dia anterior, que le va a dar sabor y alargará la conservación.
Con todo esto, nos podremos a trabajar para elaborar un estupendo pan de molde, tierno y sabroso, para las meriendas o los desayunos y también para una cena a base de “companajes”.

 
Ingredientes para dos moldes de 30x10 cms:

1000 g harina de media fuerza o de fuerza ( y algo más para trabajar )
500 g agua
140 g leche
60 g mantequilla, manteca de cerdo, margarina..
15 g sal fina
35 g azucar
14 g levadura fresca ( puede valer la seca )

Con las manos en la masa:

El dia anterior:

Preparar el prefermento o poolisch.-

300 g harina media fuerza o fuerza
180 g agua templada
1 g levadura ( una pizca )
Mezclar hasta conseguir una masa homogénea. Hacer una bola y dejar tapada en un bol entre 18-24 horas ( si es verano en el frigo, en invierno a temperatura ambiente ).

El dia D:

En un bol de amasar, hacer un volcan con 700 g de harina. En el crater, 280 g de agua donde desleir 12 g de levadura fresca o medio sobre de levadura seca.
Añadir el azucar y mezclar. Incorporar la sal y seguir mezclando. Añadir la leche ( si es invierno templada). Amasar 5 minutos. Incorporar el poolisch y amasar hasta que presente una consistencia homogénea. Añadir la manteca de a pocos mientras se amasa otros 10 minutos. Cuando la masa esté fina, elástica y se despegue de las manos y/o del bol, pasarla a la superficie de trabajo ligeramente enharinada. Formar una bola, tapar y dejar reposar 30 minutos aproximadamente.

Mientras, engrasar los moldes con un pincel, bien con aceite vegetal o un poco de manteca o forrarlos con papel vegetal. Dividir la masa en dos, dar forma de cilindros ( importante sellar bien la junta ) e introducir en los moldes. Tapar y dejar leudar en un sitio cálido ( tarda menos ) durante 1 hora o más, hasta que doble el volumen inicial.


Calentar el horno a 250º. Pasado el tiempo, introducir los moldes en el tercio inferior del horno y hornear durante 10 minutos, después, bajar el termostato a 190-200º y seguir horneando 20-30 minutos más, dependiendo de cada horno.


 Pasado el tiempo, sacar los moldes, sacar los panes del molde y, si se desean más hechos volver a introducir los panes sin molde durante 10-15 minutos más en el horno.

Pasado el tiempo, sacar del horno y dejar enfriar sobre rejilla. El pan alcanza todo su sabor pasadas unas horas, incluso al dia siguiente del horneado.





lunes, 15 de diciembre de 2014

Madalenas tradicionales



Madalenas, magdalenas, qué son exactamente?, de donde han salido? Quien las ha inventado? Acaso fue María Magdalena, la llorona de la cruz? O, alguien con mucha imaginación que decidió complicarse la vida y en lugar de un bizcocho decidió hacer porciones individuales?
Su elaboración: harina, azúcar, huevos, aceite o mantequilla, impulsor y ralladura de limón. Hace unos años se les daba forma de concha pero en nuestro país hoy en día se presentan en moldes de papel rizado.


Gracias al impulsor y al calor del horno, crecen ayudadas por las burbujas de su interior y a la esponjosidad de la masa si está bien hecha, formando su clásico “copete”. En el mercado podemos encontrar los muffins y cupcakes que, aún elaborándose con los mismos ingredientes no tienen mucho que ver con las magdalenas.
Hay múltiples versiones del origen de este estupendo “invonte” pero vamos a dejarlo para el final y quien decida preparar unas cuantas aquí va una receta que, aunque no saben como las de mi abuela ( ya nada es como antes ), se parecen bastante en sabor y consistencia.


Las madalenas o magdalenas son como “bollitos”; se elaboran con una masa que tiene cosas en común con los bizcochos. Están muy buenas mojadas en un café con leche, con un chocolate caliente a la taza, simplemente con un buen chocolate de pastilla o solas. Hay quien les unta mantequilla, también están ricas.
Con esta medida salen entre doce y quince madalenas de unos 5 cm de base del molde, de papel arrugado, los clásicos. Si gustan con menos consistencia y más esponjosas, se puede aumentar la dosis de algún elemento liquido ( huevo o aceite ) respetando siempre la proporción con el resto de la receta.

Ingredientes:

240 g harina de repostería (floja)
125 g de azúcar
115 g leche entera o semi
125 g aceite de oliva suave
8 g impulsor (yo 2 gaseosas de papel. Vale levadura tipo “Royal”)
2 huevos tamaño L
Ralladura de la piel de dos limones (sin el blanco)

Con las manos en la masa:

Medir, pesar y preparar todos los ingredientes. Pre-calentar el horno a 200º/220º. Sacar los huevos con tiempo del frigo para que  atemperen. Batir los huevos con el azúcar a punto de nieve. Añadir la leche, el aceite y la piel de los limones. Mezclar, sin batir, con la harina cernida con el impulsor y movimientos envolventes para no desgasar la masa. Algunas recetas recomiendan introducir la masa 30 minutos en el frigo antes de llenar los moldes, nosotros no las hemos refrescado y han subido muy bien.
Rellenar los moldes hasta la mitad o un poco mas con manga pastelera o cuchara. Espolvorear algo de azúcar encima de cada unidad. Hornear a media altura o en el tercio inferior durante 15 – 18 minutos hasta que presenten un color dorado. Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.



Teorías acerca del origen de las magdalenas


He leído en alguna parte que del chorreo de lloros de María Magdalena ( de Magdala ) les viene el nombre de magdalenas al compararlas cuando chorrean empapadas de leche con el llanto desmesurado de ésta al pié de la cruz. Personalmente esta teoría la califico de “sinsorgada”, como dirían en Bilbao.

En otra parte dicen que su nombre ha derivado de la palabra de origen griego “magdalia” que significa masa de pasta. Nada puedo decir salvo que a pesar de mis estudios de “letras” y la corta búsqueda del término no he conseguido despejar las dudas.

También le atribuyen su origen a nuestros amigos los franceses con una rocambolesca historia muy similar a las otras que ya corren por este blog bautizadas como “historias curiosas” y que detallo a continuación para gusto de curios@s.
Según cuenta la leyenda, en 1755 Estanislao I Leszczynski (¡vaya nombrecito!), suegro de Luis XV de Francia y ex-rey electo de Polonia, duque de Lorena, ofreció una cena de gala en su castillo de Commercy. Pero durante el banquete, un sirviente le susurra en la oreja que un incidente en cocinas, parece ser que una disputa entre dos cocineros, acaba en enfado de uno de ellos llevándose consigo los postres que para la ocasión había preparado.

Para salir del paso, una joven sirvienta llamada Madeleine propone hacer una receta de un bizcocho que le había enseñado su abuela y, no habiendo nada mejor, se opta por esta solución.
El triunfo del postre fue tal que los invitados felicitaron al anfitrión por la exquisitez del bizcocho y solicitaron la presencia de Madeleine ante la nobleza para conocer a la artífice de aquel rico descubrimiento.
Estanislao decidió bautizar el postre con el nombre de la joven y así la comarca de Commercy adquirió popularidad y renombre. Este fué pues el nacimiento de la “Magdalena de Commercy”( la receta original en otro post ).


En España tenemos nuestra propia versión del origen de la magdalena. Se dice que la joven (no sé porqué siempre es una joven la encargada de pasar a la historia) de nombre Magdalena, servía unos bizcochos en forma de concha a los peregrinos del camino de Santiago. Y estos propagaron la receta a través de sus peregrinajes por toda la península.

Por otra parte y dejando a un lado los orígenes, hay quien las denomina “muffins” pero, aunque los elementos con que se elaborar son los mismos, harina de trigo, azúcar, huevos, mantequilla, leche y levadura, a diferencia de las madalenas, estos son de forma más achatada, sin copete, no son tan dulces, en ocasiones salados, y en cuanto a su elaboración se baten lo menos posible para que la consistencia sea más pesada y densa.

El origen de los muffins lo focalizan en Inglaterra aunque las “malas lenguas” vecinas argumentan que sigue siendo francés solo que con pequeñas variaciones propias del paso de una mano a otra de la receta original.


Tampoco tienen mucho que ver los muffins a secas con los muffins ingleses con forma de seta. Estos son como un “pan rápido”a base de un impulsor (no levadura)y bicarbonato sódico a los que se les resta cantidad de huevos para adicionar algún lácteo como nata o yogur. En su elaboración se preparan dos mezclas: por una parte los elementos secos , harina, azucar, impulsor y si lleva algún fruto seco y por otra los húmedos, leche, mantequilla, huevos...., después se unen ambas mezclas y se rellenan los moldes.

Por otra parte están los “cupcakes”, que tampoco son magdalenas sino que están emparentados con los pasteles (“pastel de taza”). Su origen es EEUU a finales del siglo XIX, y dicen que una tal Amelia Slimms bautizó con este término a unos pastelitos tipo tartaleta. Son realmente pastelitos individuales que se hornean en moldes similares a las madalenas y se terminan rellenos y/o recubiertos con ingredientes propios de los pasteles como crema pastelera, frutas, mermeladas etc.

Reservamos la receta de muffins y cupcakes para otros post.













jueves, 4 de diciembre de 2014

Pasta con trigueros y pesto


Harina, agua, huevo y sal en perfecta armonía. Bueno, podría ser una definición de la pasta: espaguetti, tallarines, macarrones, tortiglioni, gnocchi, fusilli, penne, pastas con rellenos,  un sinfín de formas y colores para todos los gustos.

Fácil de combinar y aún más facil de preparar se ha situado en los primeros puestos de comida más popular, en especia entre la gente joven. En principio la pasta se elabora con harina candeal, pobre en glúten pero rica en proteínas. Esta harina se obtiene de la especie triticum durum (trigo duro ), variedad antigua muy resistente a las enfermedades y a la sequía aunque menos productiva que otros trigos "retocados" por la mano del hombre. Sobre los orígenes de la pasta poco podemos decir que no se haya dicho, unos se lo atribuyen a Marco Polo, descubierta por éste en China e introducida en Italia allá por el siglo XIII; otros especulan en su antiguedad en Italia un siglo antes, pero los etruscos parece ser que ya machacaban los granos de diversos cereales,  los mezclaban con agua y los cocían con agua hirviendo y con ello se alimentaban.

 
Es un aporte de hidratos de carbono que, en algunos casos (pastas de colores) incluyen algunas vitaminas.
En la receta que nos ocupa hemos elegido unos espaguetti de colores y los hemos fundido con unos trigueros frescos salteados al dente, al igual que la pasta, condimentados con pesto y queso parmigiano reggiano.
Un plato equilibrado y rico, estupendo para deportistas y/o gente con alta necesidad de energia.



Ingredientes:
Espaguetti de colores ( 100g/persona)
1 manojo de trigueros
queso parmigiano reggiano
2 dientes de ajo
salsa de pesto
2 hojas de laurel
Aceite de oliva virgen
San
Pimienta negra



Preparación:
       
                   Poner una olla con abundante agua a fuego fuerte. Cuando hierva añadir sal, el laurel y los espaguetti. Dejar hervir a fuego vivo hasta que estén al dente. Escurrir y refrescar bajo el chorro de agua. Reservar.


En sartén y dos-tres cucharadas de aceite rehogar al "dente" los trigueros troceados. Añadir los ajos fileteados y saltear unos minutos. Incorporar la pasta, salpimentar al gusto y mezclar a fuego vivo durante uno o dos minutos hasta que los espaguetti se impregnen del sabor de las verduras.
Apagar el fuego. Aliñar con el pesto y mezclar bien. Una vez en el plato rallar o trocear el queso por encima.